JOINTS FOR JABS - EN/ES

Written by Abril Trankels

A JOINT TO GET VACCINATED - Vaccines and the fall in U.S. demand.

While, in the south of the American continent, the vaccinated population rates do not manage to exceed percentages such as 8% (except in the case of Chile or Uruguay), the lack of demand in Washington has led to the promotion of the vaccine against Covid-19, by unconventional means...


The surplus of vaccine in the United States is not news; already in March shipments of a few million doses were made to countries such as Canada and Mexico, and recently another 60 million doses have been confirmed with a possible primary recipient, which would be India. Thanks to this large quantity of inputs and productive infrastructure, the United States has already vaccinated 42% of its population, and is now resorting to quasi-paradoxical incentives for its citizens to take this drug.


On June 7, the Washington Cannabis and Liquor Board approved the offer of joints by retailers to those over 21 who get vaccinated in their clinics. In other words, these venues have the power to vaccinate within their establishments, and today they are driving vaccination through this incentive. Regardless of how much it may impact the vaccination rate, it is interesting to note that this is not the first non-traditional measure in this area.


New York City Mayor Bill de Blasio announced a few weeks ago that New Yorkers who validated their vaccination at a Shake Shack franchise would receive a free hamburger. These cases are probably peripheral when it comes to measuring vaccination rates nationwide, but it does highlight one reality: the demand for vaccines is only decreasing in the United States. The reason behind this trend may have several explanations.


The arguments behind this rejection vary from ideological stances, distrust of the premature facet of the vaccine, fears of side effects, or simply disinterest.

This factor has a great impact on both the domestic policy of the United States and its foreign relations. On the one hand, it renews the debate on how to deal with civilians who choose not to be vaccinated, their movement, work permits, IDs such as the "Covid Passport", and other political disputes that have a great bearing on practice. On the other hand, it brings the long-awaited distribution of vaccines desired by third world countries closer and faster.


As President Biden has already expressed, his intentions to get this aid to peripheral countries occupy a large part of his foreign agenda. So much so that, weeks ago, he affirmed his support for a ban on patents for vaccine producers. This measure has been widely criticized by certain sectors, given its utopian character and lack of sensitivity to reality. We are talking, for the most part, about countries that barely possess sufficient basic medical infrastructure, such as oxygen masks or stretchers; therefore, it seems excessively optimistic to suggest that the vaccine manufacturing process can be developed in these same scenarios.


The distribution policy of the Biden administration will reflect not only preferences and trends within the international panorama, but also the efficiency and prudence of its management. On the other hand, the recipient countries, which today lead the most worrying scales in terms of vaccinated population, will be faced with the dilemma of overcoming barriers such as corruption, inoperability, bureaucracy, administration, internal coordination, which are already latent, but promise to intensify in the event of receiving new doses in millions of dollars.


The dichotomy between those regions that yearn to reach this resource, and others that thanks to their surplus even need to promote it hand in hand with other drugs, is not the most worrying thing, in fact, it is to be expected considering the infrastructure and development of each hemisphere. What will really shake up the political scene globally and internally will be the dissent and debates in the face of that mass rejection of the vaccine (which is already clearly manifested by disagreements within the E.U.).


The return to "normality" is unthinkable if we do not consider the need to harmonize part of the social fabric that does not agree with this vaccination plan, and the governments that, nevertheless, have the duty to guarantee freedoms such as circulation, work, worship among other rights that are inherent to any civilian.



Sources consulted:

https://www.brookings.edu/blog/future-development/2021/05/04/how-big-of-a-vaccine-surplus-will-the-us-have/

https://www.usatoday.com/story/news/health/2021/06/08/washington-state-allows-free-marijuana-covid-vaccine/7598398002/

https://theconversation.com/es-la-solucion-liberar-las-patentes-de-las-vacunas-co


EN ESPANOL

A UN PORRO DE SER VACUNADOS – Vacunas y la caída de demanda estadounidense.

Mientras que, al sur del continente americano, las tasas de población vacunada no logran superar porcentajes como el 8%, (exceptuando el caso de Chile o Uruguay), la falta de demanda en Washington ha derivado en la promoción de la vacuna contra el Covid-19, por medios poco convencionales…


El excedente de vacunas en los Estados Unidos no es noticia, ya en marzo se ejecutaron envíos de unos pocos millones de dosis a países como Canadá y México, y recientemente se han confirmado otros 60 millones con un posible primordial receptor, que sería la India. Gracias a esta numerosa cantidad de insumos e infraestructura productiva, Estados Unidos ha vacunado ya a un 42% de su población, y hoy acude a incentivos cuasi paradójicos para que sus ciudadanos se apliquen este fármaco.


El 7 de junio, la Junta de Cannabis y Licores de Washington aprobó la oferta de porros, por parte de vendedores minoristas, a aquellos mayores de 21 que se vacunen en sus clínicas. Es decir, estos locales tienen la facultad de vacunar dentro de sus establecimientos, y hoy impulsan la vacunación mediante este incentivo. Independientemente de cuanto pueda impactar en la tasa de vacunados, es interesante notar que no es la primera medida poco tradicional propulsada en este ámbito.


El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, hace pocas semanas anunció que aquellos Neoyorquinos que validaran su vacunación en uno de las franquicias de Shake Shack, recibirían una hamburguesa gratis.


Probablemente, estos casos sean periféricos al momento de tomar dimensión sobre las tasas de vacunados a nivel nacional, sin embargo, deja de manifiesto una realidad: la demanda por vacunas solo decrece en los Estados Unidos. La razón detrás de esta tendencia puede tener varias explicaciones.


Los argumentos que respaldan este rechazo varían desde posturas ideológicas, desconfianzas por la prematura faceta en la cual se haya esta vacuna, temores por los efectos colaterales, o simplemente desinterés.


Este factor conlleva un gran impacto tanto para la política interna de los Estados Unidos como para sus relaciones exteriores. Por un lado, renueva el debate sobre cómo se debería tratar la situación de aquellos civiles que decidan no vacunarse, su circulación, permisos laborales, identificaciones tales como el “Covid Passport”, y demás disputas políticas que tienen gran injerencia en la práctica. Por el otro lado, acerca con mayor rapidez la esperada distribución de vacunas anhelada por los países del tercer mundo.


Como ya ha expresado el presidente Biden, sus intenciones por hacer llegar estas ayudas a países periféricos ocupan gran parte de su agenda con el exterior. Tal es así, que semanas atrás afirmó su apoyo a la prohibición de patentes a los productores de vacunas. Esta medida, ha sido ampliamente criticada por ciertos sectores, dado su carácter utópico y poco sensible a la realidad. Hablamos, en su mayoría, de países que apenas poseen suficiente infraestructura médica básica, tales como máscaras de oxígeno o camillas; por lo tanto, parece excesivamente optimista plantear que el proceso de elaboración de vacunas se pueda desarrollar en estos mismos escenarios.


La política de distribución de la administración Biden, traslucirá no solo preferencias y tendencias dentro del panorama internacional, si no la eficacia y prudencia de su gestión. Mientras que, por parte de los países receptores, que hoy lideran las escalas más preocupantes en cuanto a población vacunada, se verán ante el dilema de superar barreras tales como corrupción, inoperatividad, burocracia, administración, coordinación interna, que ya se encuentran latentes, pero prometen intensificarse llegado el caso de recibir nuevas dosis en cantidad millonarias.


La dicotomía entre aquellas regiones que añoran alcanzar este recurso, y otras que gracias a su excedente incluso necesitan promocionarlo de la mano de otras drogas, no es lo más preocupante, de hecho, es de esperar considerando la infraestructura y desarrollo de cada hemisferio. Lo que sacudirá realmente el escenario político a nivel global e interno serán los disensos y debates ante aquella masa que rechaza la vacuna (lo cual ya se manifestado claramente mediante desacuerdos dentro de le U.E).


El regreso a una “normalidad” es impensable si no se considera la necesidad de armonizar a parte del tejido social que no acuerda con este plan vacunatorio, y los gobiernos que, no obstante, tienen el deber de garantizar libertades tales como la circulación, trabajo, culto entre otros derechos que le son inherentes a cualquier civil.


Escrito por Abril Trankels


Fuentes consultadas:

https://www.brookings.edu/blog/future-development/2021/05/04/how-big-of-a-vaccine-surplus-will-the-us-have/

https://www.usatoday.com/story/news/health/2021/06/08/washington-state-allows-free-marijuana-covid-vaccine/7598398002/

https://theconversation.com/es-la-solucion-liberar-las-patentes-de-las-vacunas-covid-160549

https://www.nytimes.com/interactive/2021/world/covid-vaccinations-tracker.html