ETERNAL VACCINATION? THE UNKNOWN OF THE 3RD DOSE - EN/ES

EXCLUSIVE

Written by Abril Trankels


The potential need for a third dose of vaccination against COVID-19 has brought more unknowns than certainties. The debates that have surfaced go into topics such as equity between countries, the scientific backing of the initiative, the corporate interests behind it, and at the same time question the quality of the doses already applied.


Taking the beginnings of this proposal, the Pfizer/Biontech alliance postulated as early as mid-April the possible need for a third dose of vaccination. By July 8, their request for authorization in the United States and Europe was already a reality. Part of the scientific community and public opinion supported the project and the causes put forward by the laboratory. These were basically based on the emergence of variants such as Delta, Beta or others to come, and the insufficiency of two doses to deal with it. On the other side of the debate, a sector skeptical of these announcements questions the quality of the doses originally applied by this firm, and its certainty in the face of the new dose.


The company's lack of caution is denounced. Understanding that the entire scientific development protocol has been subordinated to the emergency status given the spread of the virus, it is believed that there does not seem to be a sufficiently solid backing for this project. At the same time, it is perceived that this could be an advance encouraged more by private interests of laboratories, which in the end are private entities, than by public health.



To date, we are not only talking about Pfizer/Biontech, but also Astrazeneca, Sinopharm and Moderna have joined as options for this plan. There are already some 10 countries in the pipeline for this application, but not systemically, even if only for the time being. The intention is to achieve greater protection for those who have an immunosuppressed system, or aggravating preconditions for the possible contraction of the virus. However, laboratories such as Pfizer have pointed out that the new variants per se justify a new dose, 6 or 12 months after the second dose.


Beyond the dissent that this may cause between the public and private sectors, or the turmoil within domestic politics, the World Health Organization has not refrained from setting a global guideline on the matter. Without being reluctant but not repugnant to the idea of a third dose as a certain necessity, the WHO director called for a moratorium on the plan presented. Under the banner of equity, he asked leaders and communities to extend the wait for two more months before moving forward with the expansion of the vaccination plan in those countries that have the means to guarantee it. Considering that several peripheral countries have not yet managed to consolidate numbers higher than 10% of the population fully vaccinated. However, there are already several countries that have turned a deaf ear to this call, based on the need to protect their own population.


There are still no studies that give complete certainty about the effectiveness or necessity of the third dose, and even less is there a database that can guarantee an end point to the vaccination plan. This will open the gap between those who trust the scientific sector and its intentions, and those who conceive it as a business actor maximizing the lucrative opportunities that the situation allows.


As a final reflection on this set of questions rather than answers, derived from this issue, something that has been once again concretized is the advance of national interests over the proposals of organizations such as the WHO. In the face of what has been a crisis on a global scale, it is worth asking, beyond the discursive, how much leadership has really been embodied in these international actors.




 



¿VACUNACIÓN ETERNA?

LA INCÓGNITA DE LA 3º DOSIS


Escrito Por Abril Trankels

La potencial necesidad de una tercera dosis de vacunación contra COVID-19, ha traído más incógnitas que certezas. Los debates que han aflorado, ahondan en tópicos tales como la equidad entre países, el respaldo científico de la iniciativa, los intereses corporativos por detrás, y ponen a la vez en tela de juicio la calidad de las dosis ya aplicadas.

Tomando los inicios de esta propuesta, la alianza Pfizer/Biontech postuló ya a mediados de Abril la posible necesidad de una tercera dosis de vacunación. Para el 8 de Julio, su petición por una autorización en Estados Unidos y Europa ya era una realidad. Parte del sector capacitado en el área científica, y la opinión pública, adhirió al proyecto y las causas planteadas por el laboratorio. Estas se respaldaron básicamente en el surgimiento de variantes tales como Delta, Beta u otras por venir, y la insuficiencia de dos dosis para afrontarla. Del otro lado del debate, un sector escéptico a estos anuncios, pone en duda la calidad de las dosis originalmente aplicadas por esta firma, y su certeza ante la nueva dosis. Se denuncia la poca cautela de la empresa. Entendiendo que todo el protocolo de desarrollo científico ha quedado subordinado al status de emergencia dada la propagación del virus, se cree, no parece haber un respaldo suficientemente sólido para este proyecto. A su vez, se percibe, que este podría ser un avance incentivado más por intereses privados de laboratorios que en fin son entes privados, que por la salud pública.

Al día de la fecha, no hablamos únicamente de Pfizer/Biontech, si no que Astrazeneca, Sinopharm y Moderna se han sumado como opciones para este plan. Existen ya unos 10 países en curso para esta aplicación, no de forma sistémica, aunque sea por ahora. La intencionalidad se centra en lograr una mayor protección para aquellos que tuvieran un sistema inmunodeprimido, o precondiciones agravantes ante la posible contracción del virus. Sin embargo, laboratorios como Pfizer han remarcado que las nuevas variantes per se, son justificativo de una nueva dosis, 6 o 12 meses después de la segunda dosis.

Más allá del disenso que pueda traer entre el sector público y privado, o los revuelos dentro de la política interna, la Organización Mundial de la Salud no se ha abstenido de marcar un lineamiento a escala global sobre el asunto. Sin mostrarse fehaciente pero tampoco repugnante ante la idea de una tercera dosis como necesidad certera, el director de la OMS llamó a una moratoria para el plan presentado. Bajo la bandera de la equidad, pidió a los líderes y comunidades, extender unos dos meses más la espera antes de avanzar con la ampliación del plan vacunatorio en aquellos países que tengan los medios para garantizarlo. Considerando que varios países periféricos no logran aún consolidar números mayores al 10% de la población completamente vacunada. No obstante, ya son varios los países que han hecho “oídos sordos” ante este llamado, respaldandose en la necesidad de proteger a su propia población.

Aún no existen estudios que den completa certeza sobre la efectividad o necesidad de la tercera dosis, y aún menos existe una base de datos que pueda garantizar un punto final al plan de vacunación. Ante esto, se abrirá la brecha entre quienes confían al sector científico y sus intenciones, y quienes lo conciben como un actor empresarial maximizando las oportunidades lucrativas que la situación permite.

Como última reflexión ante este conjunto de preguntas más que respuestas, derivadas de este asunto; algo que sí ha quedado una vez más concretizado, es el avance de los intereses nacionales por sobre las propuestas de organismos como la OMS. Ante lo que ha sido una crisis a escala mundial, cabe preguntarse, más allá de lo discursivo, que tanto liderazgo realmente se ha encarnado en estos actores internacionales.