CYBERSPACE - THE NEW ARENA OF EXHORTATIONS FOR THE ASIAN GIANT

Exclusive - Written by Abril Trankels

The cyber world, although unknown and anarchic, has not yet managed to become an alien field to the power struggle that marks the international panorama.


During the last week, the United States and the EU have been denouncing the Chinese regime, which has repudiated the alleged cyber attacks and acts of cyber piracy in its territories. However, the conflict is no exception to the rules that the current power struggle imposes on all countries or regional integrations, as is the case of the European Union. The margin for action is clearly limited in view of the cost of going to the forefront against the Asian giant.


In the case of the European Union, an attempt at a "third position" has been made. This seeks to denounce the crimes that today threaten the security of the region (in terms of patents, vaccines, data on the infrastructure of public and private entities, among others), without the need to make explicit the guilt of Xi Jinping's government. Such a position is to be expected, especially considering the progress made by the EU after D. Trump's withdrawal from the White House, which led to closer ties through an investment agreement.


On the U.S. side, although a stronger response to these Chinese events is to be expected, the U.S. is not exempt from domestic blame in the area of cybersecurity, which somewhat erodes its legitimacy in the matter. The Biden administration has made its denunciations of China clear. However, the issue remains merely enunciative. This type of event embodies the relationship of dependence of both the EU and the United States, which, being actors of profound relevance, nevertheless manage with a clearly limited margin of maneuver when dealing with China.


The impossibility of determining a normative framework for the control and regulation of cyberspace is not only the result of the well-known anarchy that defines the international sphere, but also of an issue still unresolved by the powers themselves: the competence of the state in both regulation and intervention in information technology matters, and its limitations. Clearly, this debate can be easily resolved under authoritarian governments, where the power exercised is not subsumed to any standard except that of the will of their leaders; the issue becomes a real controversy in those countries where the principles of freedom and democracy are supposed to be defended.


This has been crystallized recently by the scandal between the FBI and one of the most powerful channels in the US, Fox News. Without going into the specific case, the conflict involves the FBI's tapping and listening to private entities without any support to justify it, (understanding that the invasion of privacy is a crime, and the exception for this type of state organizations is based on: national security and possible foreign threats). The Biden administration has not yet taken a position that defends the private sector domestically as it has done against the Asian giant.


While the Chinese advance does not seem to find any parameters to such issues, the term "legitimacy" is further marginalized, once again affirming the rawness of the power struggle. The question remains open for the American case, both in terms of its willingness to firmly maintain its denunciation of what is today its greatest ally and enemy at the same time; and on the other hand, its internal coherence with the preaching it spreads abroad in the premature cyberspace.





CIBERESPACIO- EL NUEVO ESCENARIO DE EXHORTACIONES PARA EL GIGANTE ASIÁTICO

Escrito por Abril Trankels



El mundo cibernético, aunque desconocido y anárquico, no logra aún ser un campo ajeno a la batalla de poder que demarca al panorama internacional.

Durante la última semana, han salido a flote las denuncias hacia el régimen chino por parte de los Estados Unidos y la UE, quienes entonaron su repudio ante los supuestos ataques informáticos y actos de piratería cibernética en sus territorios. Sin embargo, el conflicto no es excepción a las reglas que la puja de poder actual impone para todos los países o integraciones regionales, como es el caso de la Unión Europea. El margen de acción queda claramente limitado ante el costo que supone ir a la vanguardia contra el gigante asiático.


En el caso de la Unión Europea, se ha manifestado un intento de “tercera posición”. Esta, busca denunciar los crímenes que hoy amenazan la seguridad de la región (tanto en materia de patentes, vacunas, data de infraestructura de organismos públicos y entes privados, entre otros), sin la necesidad de explicitar la culpabilidad del gobierno de Xi Jinping. Tal postura, es de esperarse sobre todo considerando el avance de la UE tras la retirada de D. Trump de la casa blanca, lo cual impulsó un estrechamiento de sus lazos mediante un acuerdo de Inversión.


Por parte de los Estados Unidos, aunque ha de estimarse una respuesta más tajante ante estos sucesos protagonizados por China, este país no queda exento de culpas a nivel interno en materia de seguridad informática, lo cual erosiona de cierto modo su legitimidad en el asunto. La administración Biden, ha dejado claras sus denuncias hacia China ante lo sucedido. Sin embargo, la cuestión sigue siendo meramente enunciativa. Este tipo de eventos, encarna la relación de dependencia tanto de la UE o los Estados Unidos, quienes, siendo actores de profunda relevancia, sin embargo, se manejan con un margen de maniobra claramente limitado al tratarse de China.


La imposibilidad de determinar un marco normativo al respecto del control y regulación del ciberespacio, no es fruto únicamente de la conocida anarquía que define al ámbito internacional, sino que, también se le suma una cuestión aún no resuelta por las mismas potencias: la competencia estatal tanto en regulación como intervención en materia informática, y sus limitaciones. Claramente, este debate puede ser fácilmente resuelto bajo gobiernos de corte autoritarios, donde el poder ejercido no es subsumido a ningún estándar excepto el de la voluntad de sus líderes; la cuestión entra en real controversia en aquellos países donde los principios de libertad y democracia son supuestas banderas a defender.


Así lo ha cristalizado recientemente el escándalo entre el FBI y uno de los canales de mayor alcance en EEUU, Fox News. Sin desengranar el caso concreto, el conflicto implica la intervención y escucha de la agencia del FBI a entes privados sin respaldo que lo justifique, (entendiendo que el avasallamiento de la privacidad es delito, y la excepción para este tipo de organizaciones estatales se fundamenta en: seguridad nacional y posibles amenazas extranjeras). La administración Biden aún no ha tomado una postura que defienda al sector privado a nivel interno como lo ha hecho contra el gigante asiático.


Mientras que el avance Chino, no parece encontrar parámetro ante este tipo de cuestiones, el termino “legitimidad” queda aún más marginado, afirmándose una vez más la crudeza de la puja de poder. La incógnita queda abierta para el caso norteamericano, tanto en su disposición para mantener firmemente su denuncia hacia quien hoy es su mayor aliado y enemigo a la vez; y por otro lado, su coherencia interna con la prédica que difunde a nivel exterior en el prematuro espacio cibernético.