Crisis at The Capitol : EN/ES




THE CAPITOL CRISIS, a social and political truth that brings the United States even closer to the Latin American reality.



Written by Abril Trankels


The recent attack on the United States Capitol last week opens debate to several unknowns beyond how a group of civilians can enter on foot and attack what was supposed to be one of the safest buildings in the world? ...


Among the topics that came to the fore is on the one hand the guilt attributed to President Donald Trump and on the other hand all the collateral wounds that have deepened as a result of this fact.


As for the responsibility and to whom it should be awarded, most of the media point to the current president as the initiator and promoter of the event that occurred. However, it did not issue any direct statement or indication to carry out a violation and attack on a federal space and especially protected by the same government. Which does not mean that it was a fact totally unrelated to any speech that President Trump has delivered. Minutes prior to what happened, the same president suggested holding a march to the Capitol in a symbolic way, claiming for the fraudulent elections. (Before which it is necessary to clarify: none of the legal procedures could prove said accusation).


Beyond the false premise of the president about the veracity of the electoral result, there is no objective reason to attribute responsibility for a criminal act carried out by third parties (specifically, adults). Especially if we consider the communications after the event in which he made explicit that such modes of manifestation were not representative of North America and its principles. In other words, President Trump's opposition to this tragedy was clear. Which does not mean that his discursive modes require greater subtlety and caution.

From the Latin American perspective, the feeling of surprise and identification abounds in this scenario. On the one hand, at the institutional level, there is little to expect from the third world countries when what was supposed to represent the rise of democracies, suffers such a transfer of its own “civil and political principles”. In addition to the immense drop in credibility that the electoral process generates in the citizenry, since a large percentage of voters do not trust the system and its results, as polls from 2016 and 2020 have shown.

Which leads to the feeling of identification, it seems that both the South and North America today reveal more than ever one of the most latent crises of the century: the crisis of democracy. Latent especially in Venezuela, Peru, Colombia among several others.


We do not speak here specifically of democracy as a system of political tools, since proving such a crisis would involve several much deeper analyzes. If not, of democracy as an ideology, of citizen trust in a system and institutions capable of exercising and representing the so-called “government of all”.

By decant, it is necessary to mention a last point that has been aggravated after the attack on the capitol and of which Latin America is also a witness: political and social polarization. Moral consensus within civilizations seems to be a more and more utopian ideal, and transcends the mere "right vs. left" division.

Today this is perceived in various media platforms in the US, reflected in the following argument, totally fallacious, which could be formulated in the following way: those who consented and carried out the attack on the American Capitol are Republicans, and responsible for such abuses, therefore therefore every republican is responsible for said crime.


Although most of the popular leaders who today represent the Republican party, directly repudiated the attackers on the Capitol (including President D. Trump himself); this fact is perceived on the other side as an event representative of the entire Republican spectrum. Which, is confirmed by the own words of the future president Joe Biden, who affirmed that this type of movements, was something "predictable" and known by all those who decided to vote for the Republican party, and therefore Mr. Trump in 2016. Which leaves much to question coming from a candidate who lacked the courage to explicitly and swiftly denounce urban terrorist attacks by groups like BLM or Antifa, carried out in the name of "anti-racism."


In summary, after a very brief analysis and a panoramic view of the last few months it is clear that the weaknesses of the American security agencies are not the only concern to consider after what happened. Above all, two key points could be highlighted: the image of President Trump; that will be clearly remembered in direct connection with the COVID crisis and the guilt, (erroneously attributed by various media), regarding the Capitol tragedy. And second, a premise worthy of being considered by the next administration.


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LA CRISIS DEL CAPITOLIO, una realidad social y política que acerca a los Estados Unidos aún más a la realidad Latinoamericana.


El reciente ataque al capitolio de los Estados Unidos hoy abre debate a varias incógnitas más allá del ¿cómo un grupo de civiles puede ingresar a pie y atacar lo que suponía ser uno de los edificios más seguros del mundo?...


Dentro de los tópicos que salieron a flote se encuentra por un lado la culpabilidad atribuida al presidente Donald Trump y por otro lado todos las heridas colaterales que se han profundizado a causa de este hecho.

En cuanto a la responsabilidad y a quien debería serle adjudicada, la mayoría de los medios señalan al actual presidente como iniciador e impulsor del evento sucedido. Sin embargo, este no emitió ningún comunicado directo o indicación a realizar una violación y ataque a un espacio federal y protegido especialmente por el mismo gobierno. Lo cual no significa que, haya sido un hecho totalmente desligado de cualquier discurso que el señor Trump haya emitido. Minutos previos a lo sucedido, el mismo presidente sugirió realizar una marcha hacia el Capitolio en modo simbólico, reclamando por las elecciones fraudulentas. (Ante lo cual cabe aclararse: ninguno de los procedimientos legales pudieron probar dicha acusación).


Más allá de la falsa premisa del presidente acerca de la veracidad del resultado electoral, no existe razón objetiva para atribuir la responsabilidad de un acto criminal realizado por terceros (específicamente, adultos). Sobre todo si se consideran los comunicados posteriores al evento en los cuales explicitó que tales modos de manifestación no eran representativos de Norte América y sus principios. Es decir, la oposición de D. Trump ante esta tragedia fue clara. Lo cual no quita que sus modos discursivos requieran mayor sutileza y precaución.

Desde la perspectiva latinoamericana, abunda el sentimiento de sorpresa e identificación ante este escenario. Por un lado a nivel institucional, queda poco por esperar de los países tercer mundistas cuando lo que suponía representar el auge de las democracias, sufre tal traspaso sus propios “principios civiles y políticos”. Sumado a la inmensa caída en la credibilidad que el proceso electoral genera en la ciudadanía, siendo que un gran porcentaje de los votantes no confía en el sistema y sus resultados como lo han demostrado encuestas del 2016 y 2020.


Lo cual lleva al sentimiento de identificación, parece ser que tanto el Sur como el Norte Americano hoy dejan ver más que nunca una de las crisis más latentes del siglo: la crisis de la democracia. Latente sobre todo en Venezuela , Perú, Colombia entre varios otros.


No hablamos aquí específicamente de la democracia como sistema de herramientas políticas, dado que probar tal crisis supondría de varios análisis muchísimo más profundos. Si no, de la democracia como ideología, de la confianza ciudadana en un sistema e instituciones capaces de ejercer y representar el llamado “gobierno de todos”.


Por decante, es necesario mencionar un último punto que ha sido agravado tras el ataque al capitolio y del cual América latina es también testigo: la polarización política y social. El consenso moral dentro de las civilizaciones parece ser cada vez un ideal más utópico, y trasciende la mera división “derecha vs izquierda”.

Hoy esto se percibe en varias plataformas mediáticas de los EEUU, reflejado en el siguiente argumento, totalmente falaz, que podría ser formulado de la siguiente forma: aquellos que consintieron y realizaron el ataque al Capitolio Americano son Republicanos, y responsables de tales abusos, por lo tanto todo republicano es responsable de dicho delito.


Aunque la mayoría de los lideres populares que hoy representan al partido republicano, repudiaron directamente a los atacantes del Capitolio (incluido el mismo Presidente D. Trump); este hecho es percibido del otro lado como un evento representativo de todo el espectro Republicano. Lo cual, es confirmado por las propias palabras del futuro presidente Joe Biden, quien afirmó que este tipo de movimientos, era algo “previsible” y sabido por todos aquellos que decidieron votar al partido republicano, y por lo tanto al sr. Trump en 2016. Lo cual deja mucho a cuestionar viniendo de un candidato que careció del coraje para denunciar explícita y rápidamente los ataques de terrorismo urbano por parte de grupos como BLM o Antifa, llevados a cabo en nombre del “anti-racismo”.


En síntesis, tras un brevísimo análisis y una mirada panorámica de los últimos meses queda claro que, las flaquezas de los organismos seguridad Americana no son la única preocupación a considerar tras lo sucedido. Sobre todo se podrían resaltar dos puntos clave: la imagen del presidente Trump; que será claramente recordada en conexión directa con la crisis del COVID y la culpabilidad, (erróneamente atribuida por varios medios), al respecto de la tragedia del Capitolio. Y segundo lugar, una premisa digna de ser considerada por la próxima administración: la agudización de la grieta entre ambos partidos repercute a largo o corto plazo, y de forma negativa tanto para el partido republicano como para el demócrata.


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